El despacho de arquitectura ZIGZAGARQUITECTURA se hizo con el premio de la Bienal Española de Arquitectura y Urbanismo en su XI edición gracias a un edificio de 131 viviendas en Mieres, Asturias, en el que la fachada resultó según el jurado, uno de los puntos claves a la hora de otorgar el premio, con la combinación en ella de carácter urbano y rural gracias a la mezcla de materialez industriales y artificiales.

El punto de partida del proyecto es la intención de remodelar la volumetría de la manzana tradicional, intentando recuperar un tejido urbano más rural y respetuoso con la tradición del lugar, consiguiendo además, que pese a estar en medio de la masa urbana de Mieres, sea posible conectar visualmente con los prados y las siluetas de los montes.

Parten originalmente de una manzana tradicional de 6-7 alturas que generaba un espacio interior demasiado alto, poco ventilado y con muy poco asoleamiento, condenado a convertirse en un espacio residual y trasero. Para evitar esta sensación de patio carcelario modelaron una manzana con una altura que varía entre las tres y siete alturas y que aloja trasteros, garaje,instalaciones... en una plataforma común bajo rasante

El doble carácter del proyecto, su sentido rural y a la vez urbano se deja ver en la configuración de la piel. Por un lado las caras urbanas se construyen con materiales industriales como acero que recuerdan el pasado industrial y minero del gris Mieres.
Sin embargo la cara interior que mira hacia ese espacio recuperado por la naturaleza, busca la similitud con el porche tradicional asturiano, con la vuelta a lo rural, creando una celosía cuyas lamas recuerdan al ritmo de los bosques de la zona.
Las viviendas se configuran como pasantes, favoreciendo la doble orientación y la ventilación cruzada. Se organizan en torno a un núcleo húmedo que divide la vivienda en zona de día y zona de noche.
Las diurnas dan a la plaza central mientras que las nocturnas, mas controladas con persianas, dan a la cara urbana.
Cada vivienda posee un espacio de terraza concebida como una pasarela ligera de tablones de madera que bordea toda la envolvente del patio interior
El punto de partida del proyecto es la intención de remodelar la volumetría de la manzana tradicional, intentando recuperar un tejido urbano más rural y respetuoso con la tradición del lugar, consiguiendo además, que pese a estar en medio de la masa urbana de Mieres, sea posible conectar visualmente con los prados y las siluetas de los montes.
Parten originalmente de una manzana tradicional de 6-7 alturas que generaba un espacio interior demasiado alto, poco ventilado y con muy poco asoleamiento, condenado a convertirse en un espacio residual y trasero. Para evitar esta sensación de patio carcelario modelaron una manzana con una altura que varía entre las tres y siete alturas y que aloja trasteros, garaje,instalaciones... en una plataforma común bajo rasante
El doble carácter del proyecto, su sentido rural y a la vez urbano se deja ver en la configuración de la piel. Por un lado las caras urbanas se construyen con materiales industriales como acero que recuerdan el pasado industrial y minero del gris Mieres.
Sin embargo la cara interior que mira hacia ese espacio recuperado por la naturaleza, busca la similitud con el porche tradicional asturiano, con la vuelta a lo rural, creando una celosía cuyas lamas recuerdan al ritmo de los bosques de la zona.
Las viviendas se configuran como pasantes, favoreciendo la doble orientación y la ventilación cruzada. Se organizan en torno a un núcleo húmedo que divide la vivienda en zona de día y zona de noche.
Las diurnas dan a la plaza central mientras que las nocturnas, mas controladas con persianas, dan a la cara urbana.
Cada vivienda posee un espacio de terraza concebida como una pasarela ligera de tablones de madera que bordea toda la envolvente del patio interior
